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Instituto René Guénon de Estudos Tradicionais
LA SERPIENTE AMERINDIA

Aspectos de un simbolismo universal
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Oscar Freire
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Luiz Pontual

               
Sobre el simbolismo de la serpiente, podríamos ratificar que se trata, por su carácter primordial,
uno de los temas mas recurrentes en la iconografía universal (1), con su doble vertiente (una positiva y otra negativa, como p.e., las nociones griegas de Agathodaimôn y Kakodaimôn) que ha sido expresada dentro de inagotables facetas y en las formas mas variadas que recubren ese sentido anagógico tan difícil de aprehender por medio de las actuales interpretaciones que establecen permanentes formulaciones literales opuestas entre sí, muy típicas de aquellos
sistemas culturales y modelos de análisis empiristas y que, por supuesto, nada tienen que ver con las legítimas exclusiones o reparos (motivados quizás, por una doble necesidad de adaptación y contención ante la expansión de ciertas heterodoxias) de determinado y necesario nivel de referencia, adscripto al orden del exoterismo tradicional (2). Pero, al margen de la necesidad de ciertos "puntos de vista" de la formulación exotérica hay en las mismas tradiciones que encaran dicha dimensión exterior suficientes elementos que consideran la superación de esos aspectos exteriores y, aparentemente contradictorios, en función de una "Realidad última" y tal como ello, en lo que a este punto concierne, ha sido cabalmente demostrado por Ananda K. Coomaraswamy (3).

                Estas cuestiones de orden explicativo, puedan quizás, obtener un contundente referéndum iconográfico (p.e. en el códice Nuttal 75 o en el Vindobonensis 47) a la sola vista de las tantas representaciones "serpentinas" del acervo amerindio, como ser las del ámbito "mesoamericano", donde el ofidio era considerado ya sea como sierpe celeste asociado a la Vía Láctea (Serpiente de Nubes) o designado como "Corazón del Mar"; aspectos principales por los cuales adquiere los nombres y los atributos divinos de la "Serpiente emplumada" ("corona de la gran Ceiba" sobre la "montaña primordial"), y por los que, a su vez, expresa la totalidad en aquello que comprende tanto al océano celeste (aguas superiores) como el océano de marea (aguas inferiores) resumidos, además, en los sagrados colores azul y verde de su plumaje (correspondiendo también al simbolismo del horizonte, en cuya línea final se dice que ocurre la conjunción).

                Anotemos que, estas consideraciones principiales a la luz del dato tradicional se superponen sin
conflictos a las diversas analogías descendentes, (singularmente presentes en casi todas las tradiciones preamericanas de la zona central del continente; con extensiones y adaptaciones particulares a otras áreas) en este caso, referidas a las transposiciones de Quetzalcoatl, ya sea conocido por sus múltiples nombres, como pueden ser, Kukulkan, Hurakan y Gucumatz o Votan (4) y Ehécatl, etc.

                Un ejemplo de esas tantas extensiones y adaptaciones particulares de algunos de los aspectos de este mismo simbolismo en otras áreas del continente "americano" lo tenemos en los indicios (de ciertos datos que aún, en cierta medida, son patrimonio de los actuales Cunas, Emberas, Waunan, etc.).dejados por las diversas sociedades tradicionales precolombinas que han tenido asiento a lo largo del vasto territorio a orillas del Océano Pacífico, entre las actuales repúblicas de Colombia y Panamá (se incluye parte de Venezuela). Así, por ejemplo, entre los Emberas se
transmiten algunos relatos míticos, a veces cantados (con algunas variaciones de acuerdo a la región), donde se describen simbólicamente ciertos rituales, prefigurados por los giros alrededor de la "montaña primordial", en cuya cima, habitan los "gallinazos blancos".

                Una "gran montaña" (cuyos diversos niveles están regidos por el sol y por la luna) que está "sobre las nubes", y a la que se puede ascender por medio de una "liana de cristal" o "escalera de cristal de perlas". Ahora bien, de acuerdo a los niveles que se contemplen, acompañan a esto mismo, las nociones de dos de los ríos cósmicos: Dokarrá = río raíz (lugar donde terminan o comienzan las aguas) y Aungá-Baito ("río de la purificación" o "lugar de la escalera de cristal").

                 De esta manera, a la luz del dato tradicional, obtenemos la reunión de las nociones de "Centro" y de "Eje del Mundo", a las cuales se asocian las orientaciones (ascenso y descenso) de los ríos cósmicos que recorren el sol y la luna, tal como lo expresa el comienzo de uno de los principales mitos: "En los tiempos antiguos los ríos tenían una corriente que subía y otra que bajaba".

                 Asimismo, en el contexto de nuestro comentario, este dato adquiere significación y equivalencia a lo que decíamos mas arriba al tomar en cuenta que, para la concepción Embera, los ríos "son caminos de boa" (boa = Je (5) o Jepá). Más aún, el "árbol primordial" (Jenene) o "árbol del agua" es la misma boa (6). Igualmente, hay en estas mismas tradiciones, aún otras versiones que completan estas adaptaciones del esquema universal de manifestación, ya sea asociando a la serpiente "que desciende del cielo y se pierde en el mar", ya sea a la "gran culebra" como "abuelo
de las aves del agua" o al arco iris, donde aparece ornada con una radiante corona, de coloridas plumas de ave.
Sobre esa recurrente figura amazónica de la "serpiente que desciende del cielo y se pierde en el mar", ("de la eternidad a la eternidad") tomemos en cuenta aquí, que coincide con la voz técnica de las tradiciones de "mesoamerica", en cuanto a la designación de la serpiente como "Corazón del Mar". Es notable la coincidencia de este preciso sentido simbólico preamericano (como la fuente de la vida y el final de la misma) con el concepto tradicional del Mar dado en la mayoría de las tradiciones. Así, Ananda K. Coomaraswamy al referirse a la figura búdica de "un torrente de montaña que viene rápidamente de lejos y que arrastra todo con el, y no hay ningún momento, pausa, ni minuto en que venga a detenerse..." la asociaba a la conciencia individual, como proceso que está "deviniendo" siempre, y similar al río de Heráclito "dentro del cual jamás se puede entrar una segunda vez", imagen del perpetuo flujo del Samsâra: "frente al cual se levanta el concepto del Mar Silente, del que las aguas de los ríos se derivan y adentro del que deben
retornar finalmente...El Mar es el símbolo del nirvâna (7), y de la misma manera que el Maestro Eckhart puede hablar de <Submersión>, así el budista habla de <Inmersión>" (Arte y simbolismo tradicional", V II).

                 Evidentemente que, vemos una vez mas, confirmarse la concordancia universal de todas las tradiciones. Así, en este caso puntual, la eterna serpiente justifica su viejo axioma atribuido a los gnósticos: "camino a través de todas las cosas". Así, la serpiente universal, en la cima de la "montaña primordial" o en "la profunda profundidad del poderoso océano"; "arriba" o "abajo", en el principio y el fin, hace honor al Hen to pan (el Uno, el Todo) inscrito en el glifo del Ouroboros (8). De acuerdo con ello, el mismo Ananda K. Coomaraswamy decía: "el <retorno a Dios> sólo puede ser en una mismidad de naturaleza. Sólo como una serpiente puede uno unirse a la <Serpiente sin Fin>, de la misma manera que un círculo que se superpone a otro círculo coincide con el".("Arte y simbolismo tradicional", V1).

                                                                             
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Notas

1) Para una aproximada referencia bibliográfica sobre la extensión de dicho simbolismo ver "La
serpiente en el mudo antiguo" por Ana.M.Vázquez Hoys, publicado en el boletín de la
"Asociación de Amigos de la Arqueología" Nº º14, Madrid 1981, pp.33-39.
2) Sin embargo, conviene aclarar que, en todo el mundo oriental antiguo, tanto como en el
occidente medieval, el simbolismo de la serpiente es una constante, ya sea como idea de
totalidad o en sus diversos grados proporcionales vinculados al esquema universal de
manifestación, cuyos sentidos tradicionales resultan equivalentes a los tomados por los mundos
aborígenes preamericanos.
3) "En la formulación exotérica de la mayor parte de las religiones estos aspectos contradictorios
son considerados en su manifestación exterior como dos fuerzas distintas y opuestas, divina y
satánica, celestial y ctónica. Satán es concebido comúnmente como una serpiente o un dragón, y
a menudo es así representado en el teatro o en el arte. Sin embargo, el Héroe solar y el Dragón,
en guerra sobre el escenario, son hermanos de sangre entre bastidores. Desde el punto de vista
cristiano, los Ángeles caídos son "caídos en gracia, pero no en naturaleza", y, desde el punto de
vista musulmán, Iblîs es redimido al final de los tiempos; en otras palabras, Satán es de nuevo
Lucifer. En la mitología griega, la misma divinidad, Zeus por ejemplo, puede ser adorada y
representada en forma antropomórfica u ofídica. La adoración de la serpiente y su iconografía, a
pesar de su apariencia "primitiva", tiene profundas bases metafísicas", y SS. ("La Faz oscura de
la Aurora").
4) Observemos que este término Votan (tanto como los demás) es un claro ejemplo sobre las
aplicaciones particulares y las funciones especializadas que han estado extendidas en todas las
tradiciones. De este modo, y con respecto a este nombre ver las asimilaciones consignadas por
René Guénon en su artículo "Hermes" incluido en su libro "Formas tradicionales y ciclos
cósmicos".
5) En el simbolismo de la lengua sagrada amazónica asimilada por los Embera el radical Je
adopta múltiples asociaciones como ser, entre otros, la luna, el hombre, el río, el árbol, la
serpiente y la doble dirección del movimiento axial.
6) Ver algunas referencias bibliográficas sobre este punto en "Los Verdaderos Hombres" de
Luis.G.Vasco Uribe, Biblioteca Banco Popular, Colombia, 1985.
7) Nirvanâ es literalmente "extinción del soplo o de la agitación", significando aquel estado del
ser que ha trascendido la contingencia y ya no se halla sometido al accidente, alteración o
cambio de las formas, conlleva el sentido de liberación a los apegos de la existencia manifestada.
8) Tal como aparece la figura grabada en el Codex Marcianus del siglo II D.J.
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