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Instituto René Guénon de Estudos Tradicionais
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"Mientras los occidentales se imaginen que no existe mas que un solo tipo de humanidad, y que no
hay mas que una sola "civilización" en diversos grados de desarrollo, no será posible ningún entendimiento".

                                                                                                          Abdel Wahid Yahya (René Guénon)



                 
A esta altura de los acontecimientos, ya casi nadie puede negar el estado de inestabilidad y peligros de destrucción que afectan a las sociedades contemporáneas sumergidas en un presente de multiplicidad y división donde impera cada vez mas, una vertiginosa sucesión y el cambio continuo de cosas, y cuyas consecuencias, probablemente, sean particularmente activadas por el impacto industrial de las ciencias experimentales que nunca antes han alcanzado tal grado de desarrollo; absorbiendo cualquier clase de actividad humana como es el caso de la actual civilización moderna donde el conocimiento parece limitarse a un orden de realidad material o sensible que siempre ha sido considerado por las sociedades tradicionales como el mas inferior de todos (1).

                  Dentro de este esquema es que el error del individualismo racionalista ha reducido la civilización a elementos profanos puramente humanos, y degradado la realización humana a la prioridad de las funciones prácticas; y a un vago sentimentalismo, contribuyendo en el tiempo, a la abolición de incontables sociedades tradicionales y a la disolución de sus doctrinas, tanto como a la desaparición de los elementos intelectuales de la religión tal como ha sucedido en el caso de la cristiandad reducida, en mayor proporción, (aunque no totalmente) a una suerte de difusa "religiosidad".
Es prioritario entender y penetrar la naturaleza real de esta "religiosidad", ya que no es la religión en sí la que viene sufriendo un singular proceso "secularizador" de investidura cultural que ha fabricado, entre otros, una especie de "marca registrada" en pro de la supuesta defensa de la civilización occidental y de la creciente teoría del "choque de civilizaciones", en nombre de la cual se pretende reducir a un mismo nivel la mayor parte de las formas tradicionales (es decir degradarlas a expresiones hipotéticas y contingentes) e impugnarlas y embargarlas en un terreno puramente profano tal como, por ejemplo, viene sucediendo últimamente en el plano mediático y en forma creciente con el Islam; el cual, sin embargo, y a pesar de ciertas apariencias, se presenta como una forma tradicional completa capaz de resistir, como veremos mas adelante, aquellas determinaciones que, en esta "encrucijada de los tiempos", animan las extraordinarias transformaciones de nuestro mundo.


                                                 
El caso de los aborígenes de América


                 Por otro lado, el enorme daño causado a la Madre Tierra, fuente de la vida y nuestra madre común, ha sido uno de los tantos factores que ha permitido nacer en nuestro tiempo una nueva imagen del acervo original de los pueblos nativos de América, puesto que, en tal sentido, la delicada y entrañable relación con la naturaleza le diferencia radicalmente del cálculo depredador y explotador de la mentalidad moderna. Si a esto último le agregamos aquellas series de circunstancias históricas correspondientes al ahondamiento de la crisis actual del mundo y al acrecentamiento de las conflagraciones globales, obtendremos un cuadro de situación que separa aún mas notablemente a la perspectiva moderna de lo que ha sido una visión sagrada del mundo.

                 Por supuesto que todo ello debe ser entendido y relacionado a los datos tradicionales en sus concepciones mas elevadas, ya que, de tal modo, surge una manera de aproximarnos a los considerandos de orden trascendente o, si se quiere, a los conocimientos mas profundos de la humanidad. Dichos considerandos aportan indicios de todo tipo, uno de los cuales revela vinculaciones prehistóricas y precolombinas (2) de los habitantes del continente americano con sociedades tradicionales de otras latitudes que han dejado su impronta en cierto modo obscurecida o diluida por ese acontecimiento histórico llamado "descubrimiento" o "conquista" y cuyas consecuencias devastadoras lo entroncan, desde determinado punto de vista, con los presupuestos modernos que avalan la teoría cuantitativa del "choque de civilizaciones" y que difiere notablemente de la necesidad cíclica de encuentros, adaptaciones y reabsorciones que siempre ha regulado a las acciones de las sociedades verdaderamente tradicionales.

                 Lamentablemente, en la sucesión de cambios y transformaciones que se han derivado de la "conquista" se nos ha desintegrado o perdido el patrimonio esencial de los "vencidos", mayormente ignorado a favor de una supuesta "barbarie" o "salvajismo" y marginado en tanto un supuesto status de "atraso" en pro de esta controvertida idea de "civilización" y de "progreso", cuyos efectos de expansión arrolladora (en términos de "patrones industriales"), ha venido arrasando (particularmente a partir del siglo XVIII) con todas las manifestaciones tribales que han caracterizado a la mayoría de las formas tradicionales cristalizadas en los pueblos denominados como "indios".

                Esto mismo, que en América a afectado los soportes o posibilidades de realización directa y trascendente de los tantos descendientes nativos (en cierto modo "suspendidos" entre la "transculturación", alfabetización y el aggioramiento al sistema de vida moderno) es una muestra de un idéntico proceso y de aquello que ha sucedido en todas las latitudes donde ha llegado el estado militar, el comercio colonial tanto como el control administrativo de las políticas estrictamente cuantitativas y desarrollistas del mundo moderno (3).

                Dentro de este bosquejo, el dato de la realidad nos brinda esta singular excepción a la que nos referíamos y que representa el caso del Islam en cuanto a las causas de su vigencia en relación a su manifestación temporal y en tanto a su extraordinaria vitalidad en orden a su ubicación geográfica, aspectos que nos revelan las determinaciones cualitativas que animan su significativa función mediadora y probablemente, también se constituyan estos en algunos de los verdaderos motivos que hacen al Islam uno de los actuales componentes predilectos de elucubraciones tales como la del "choque de civilizaciones".

                                                         
"Choque de civilizaciones"


                 Dentro de los múltiples aspectos conflictivos generados últimamente por el mundo moderno, han surgido las convicciones individualistas de algunos "intelectuales", expresadas en la idea de que la humanidad se halla a las puertas de un "choque de civilizaciones" (4) o si se quiere a un retorno de las conflagraciones tribales o a una "guerra de religiones". Tales argumentos han sido, primeramente, ordenados con carácter de hipótesis hasta que mas tarde, sobre todo en sus mas recientes expresiones se percibe cierta idea por la cual se intenta presentar a dicha teoría con todos los visos de ser un "paradigma" histórico.

                Si tenemos en cuenta a las modernas técnicas informativas que funcionan a una creciente e imparable velocidad en el intercambio de la masa elocutiva, siempre a contracorriente de los verdaderos datos tradicionales, nos apercibiremos de estar ante una nueva imposición de orden ideológico que, a cuenta de versiones exclusivistas, se identifica con un supuesto mecanismo que pretende determinar los acontecimientos acaecidos en la marcha "histórica" de la humanidad.

               Un examen atento de dicho mecanismo a luz tradicional, no sólo nos revela el enfoque reduccionista sobre las tradiciones originales, sino también aquello denominado como "historicismo" (o la versión cuantificada de la historia), amén de una cierta inversión de la doctrina universal de los ciclos cósmicos, particularmente, en lo que incluye a los acontecimientos humanos como parte trascendente en función de un orden integral.

               A grandes rasgos, esto se ve muy bien en aquellos principales considerandos analíticos de dicha "teoría" que se explayan sobre la "nueva etapa" en base del denominado "fin de la historia" (5) como última fase de evolución del derrotero que sigue la modernidad y que entraña la abolición de los conflictos convencionalmente entendidos como políticos, sociales o económicos protagonizados, principalmente, por los elementos actuantes dentro de las conflagraciones mundiales que, de acuerdo a tales argumentos, han sido denominadas como "guerras civiles occidentales" (6), y de cuyo agotamiento, siguiendo el hilo de dicha "lógica", no puede menos que desprenderse un nuevo "teatro de operaciones" denominado como "arcaísmo versus progreso científico" (7) o "tribalismo versus globalización", donde se ven incluidas las "identidades culturales tercermundistas", o si se quiere, aquel mosaico mundial que enmarca a la mayoría de los grupos humanos descendientes de sociedades tradicionales que mantengan algún patrimonio en tal sentido y por lo cual se afirma que, necesaria y brutalmente, deberán batallar entre sí.

               Creemos que cada uno de estos puntos pueden ser fácilmente rectificados y esclarecidos sin dificultad por todos aquellos que han asimilado algunos principios que animan las determinaciones de nuestro mundo y, en tanto posean, además, un apropiado conocimiento de los actores que se mencionan y de los acontecimientos que se tratan. Por nuestra parte, en el breve contexto de nuestro comentario y, atinente a lo expuesto en este cuadro de situación, sólo intentaremos abocarnos a expresar algunas consideraciones sumarias de aquel aspecto que sobresale nítidamente y por lo cual se ha acrecentado el énfasis o se ha marcado el acento en la imagen de aquello que decíamos sobre una confrontación entre dos religiones y en ocasiones entre dos civilizaciones como ser "Islam versus Occidente".

               Evidentemente, el mundo moderno occidental ya no es propiamente cristiano ni el denominado "Islam radical", en tanto niegue al núcleo primordial que anima a las otras tradiciones verdaderas, es estrictamente musulmán, por lo cual el aparente enfrentamiento entre religiones, en este caso entre la religión cristiana y la musulmana, carece de entidad real. Lo mismo para la supuesta "estampa" de colisión entre dos civilizaciones.
Luego de estas declaraciones de principio nos vemos conducidos al ejercicio de algunas consideraciones adicionales donde intentaremos vislumbrar con mayor perspectiva, a la luz de la concordancia universal, aquello que ratifica no solamente la naturaleza real del Islam, sino también sus funciones ejemplares dentro del conjunto de tradiciones consagradas y su vitalidad e importancia fundamental dentro del conflictivo juego de complejidades que caracteriza a la crisis cognoscitiva del mundo moderno

                                                         
El núcleo de las Tradiciones

                Es a partir de dicha crisis que viene ejerciéndose un nominalismo estereotipado hacia las antiguas tradiciones, circunstancia que, probablemente, por su vigencia y vitalidad se acentúa en todo aquello que concierne al Islam (8). Sin embargo, hoy mas que nunca, contamos con suficientes elementos que coadyuvan a elucidar estas cuestiones dentro del contexto de la actual "puesta a punto" sobre las verdaderas funciones que corresponden tanto a las doctrinas tradicionales como a las religiones consagradas de la humanidad (particularmente a partir de los estudios de René Guénon y de Ananda K. Coomaraswamy entre los mas cualificados), ya que ha surgido una corriente intelectual que ha revelado el altruismo esencial en el que coinciden todas y siendo por tanto aquello que prima en el interior de cada una (9).

                  Referido ello a una herencia de la Tradición Primordial podríamos resumir que, en cierto sentido, son formas preparatorias o diversos caminos que, en caso de profundización de su aspecto interior conducen hacia la Paz profunda o hacia una identificación con la Realidad Última, así como los radios de una rueda que convergen en el mismo y único eje.
No obstante, conviene aclarar que, si bien desde tal y cierto punto de vista esencial, la "Identidad Suprema" no es monopolio de ninguna forma en particular, no por ello es lícito mezclar distintas doctrinas, dogmas o rituales que conforman las propias parcialidades tradicionales, como tampoco es lícito promocionar superficialmente en favor de la conversión desde una a otra, ya que, en suma, serían los diferentes aspectos entendidos como pluralidad o facetas con que se presenta la posibilidad infinita, complemetandose sin confundirse y brillando en conjunto, así como los reflejos o iridiscencias de una misma gema.

                  Sin embargo, es probable que pueda darse la intervención de elementos de orden cualitativo debidos a ciertas circunstancias extraordinarias que justifiquen, en determinado modo, salvar aquello que no sería conveniente hacerlo dentro de un cuadro de condiciones normales o dentro de un status tradicional regular, pero siempre y cuando, primen suficientemente, las respectivas cualificaciones personales, ya sea la intuición o sabiduría, tanto como la piedad o la perspicacia necesarias para superar los acondicionamientos generales entre los cuales un cierto psiquismo podría, en el traspaso superficial, surgir como un serio obstáculo conducente al mas grave de los fracasos espirituales.

                  Ahora bien, teniendo en cuenta lo dicho en relación al mensaje universal y anotando que el fin último o la posibilidad de trascendencia que comporta la dignidad sobrenatural de la manifestación (dentro de la cual se incluye el estado humano) ha venido sufriendo las alteraciones cíclicas traducidas en un oscurecimiento que, en cierto sentido, equivale al desarrollo global cientificista y a la crisis de la visión moderna del mundo, convendría recordar, aunque sumariamente, las determinaciones que, en función de tiempo y espacio, sitúan cualitativamente algunas de las diferentes formas tradicionales de nuestro presente ciclo de humanidad .

                 En lo que a ello concierne, podríamos representar un punto cuyo trazo lineal se desarrolla en el tiempo a la vez que se "espacializa" horizontalmente hacia los puntos cardinales, poniendo el acento en su carácter de "linearidad" o de consideración proporcional de aquello integral que no es solamente una "línea", es decir que contemple la peculiaridad de los signos en relación a la doctrina tradicional de los ciclos cósmicos y que abarca también a la extensión en la cadena del tiempo, tanto como, en un sentido mas estricto incluye, además, a dicha cualidad de "espacialidad" cuando se extiende en el espacio. En este sentido particular podríamos asignar una serie de distinciones cuyos puntos indican la separación entre períodos de tiempo, como entre regiones de espacio a la vez que expresan cierta variación en la intensidad de los conocimientos tradicionales propiamente dichos y de donde surge una escala traducida en una sucesión ordenada de concepciones y expresiones distintas, pero de la misma índole.

                 Dentro de esa escala se hace posible contemplar a tal índole en tanto que correlaciona a la luz del Acervo concordante de la humanidad (es decir, esto siempre entendido en su sentido estrictamente esencial y no formal) a todas las tradiciones de nuestra referencia y de las cuales sólo citaremos algunas de las mas significativas en relación a los acontecimientos humanos mas conocidos o relativamente recientes. De tal modo que, si aplicamos nuestra figura representativa a las diversas maneras tradicionales en que el hombre asume la Existencia o entiende la Vida, notaríamos la presencia del sentido esencial traducido en el hilo conductor que las enhebra y que se origina en aquel punto primero que representa al origen primordial.

                 De este modo las concepciones metafísicas y (cuando corresponde) las muy diversas expresiones formales en tanto que su correlato exterior, serían los aspectos de una misma doctrina que se despliega por medio de los mas variados modos y tomando siempre en cuenta a las necesidades particulares de adaptación o a las referidas determinaciones espacio-temporales.

                 Desde este punto de vista puede llegar a vislumbrarse, por ejemplo, lo que, en cierto sentido, distingue las concepciones eminentemente metafísicas de la tradición hindú o de la tradición china (ya algo mas restrictivas en cuanto a sus aplicaciones sociales) de aquellas en relación a una transmisión mixta (oralidad-esoterismo/escritura-exoterismo) propia de la antigua Grecia y en cierto modo similar a las transmisiones de naturaleza doble, religiosa y metafísica, tal como ello es característico de la tradición hebrea, de la Cristiandad y del Islam.

                 De tal modo que, son las imágenes o reflejos (ya sean mas o menos originales) de la tradición primordial las que otorgan dicha medida de aproximación, guardando, en sus respectivas competencias, exactas equivalencias con aquellos diversos grados de profundidad y completitud que sean capaces de contener las variadas formas tradicionales y, por tanto, desde cierto sentido elevado, completándose unas a otras en la índole y el alcance del conocimiento, ya sea este identificado con el carácter esotérico de la transmisión oral -"espíritu"- de una doctrina o ya sea en la dimensión sagrada en cuanto naturaleza exotérica de su cuerpo escriturario - "letra").

                 De acuerdo a ello, esta distinción entre esoterismo y exoterismo (10) especialmente dada en el tronco de Abraham es posible constatarla cabalmente en la diversidad cualitativa y en la naturaleza de los constituyentes propios que se conservan de acuerdo a la sucesión y a la situación de las respectivas formas tradicionales que, así, han conservado una mayor o menor identificación en relación a esa propia disposición y a título de la también mayor o menor determinación de ambos aspectos que, serían pasibles de trascendencia, en tanto la contemplación de una mirada integral de los componentes cualificados propios y bajo las precisas funciones de la concordancia universal.


                                                                             
El Islam


                  En este sentido se revela la verdadera naturaleza del Islam y sus funciones precisas como última forma tradicional o manifestación de un ciclo y que, por tal debe, necesariamente, resumir en esencia a todas sus precedentes en tanto continente de la Sabiduría Divina (Hekmah al-ilahiyah).

                  Para comprender o al menos acercarnos aún a las premisas generales de ello es que, en cierta medida, debemos contemplar o traer a colación algunas definiciones tradicionales usuales como, por ejemplo, las dadas dentro del esoterismo islámico sobre el Ser Necesario: wajib al-wojud (importa no olvidar que el Islam actúa dentro de un contexto de tradición integral, donde sin perder la distinción neta de sus dos puntos de vista, conviven armoniosamente la naturaleza doble de la esencia religiosa, shariyah y de la metafísica, haquîqah en tanto la diferenciación de las cualificaciones en cuanto al conocimiento de ello y que deriva, entre otras cosas y, dentro de dicho esoterismo, en ese simbolismo representado por la figura de las dos naturalezas (Lâhût y Nasût). Recordemos que, el sentido de dicha definición es tal en tanto porta una cualidad ab aeternitas, es decir avenido a la existencia sin dejar de ser eterno, ya que para existir tiene que participar de lo eterno por lo que se explica que todos los posibles queden sujetos a un necesario universal que no puede dejar de ser único.

                   De este modo, el Islam expresa, por contener filiación particularmente adaptada, uno de los reflejos o de las manifestaciones mas integrales de la Tradición Primordial. Esta definición conlleva ciertos aspectos de capital importancia si se toman en cuenta no sólo aquellas condiciones cíclicas peculiarmente críticas que afectan a nuestra actual humanidad, sino además, por especificarse como revelación final de un mensaje esencial que ha sido una y otra vez rememorado por innumerables emisarios de Dios, cuales son taxativamente reconocidos por el noble Corán. Confirmando así que, todos los enviados y consagrados a la notificación original o llamada verídica son los recaderos de la misma y "única" doctrina de Unidad, adaptada a los diversos genios raciales, como a la pluralidad de normas y costumbres cuyas expresiones e instituciones temporales no afectan al núcleo que las anima.

                   De tal modo que, Islam en el mas alto sentido del término no se refiere meramente a un estereotipo étnico o a un formato clasificatorio de orden nominalista y que parcializa a las instituciones o actividades religiosas de determinadas sociedades o pueblos, ya que el Islam constitucionalizado, tal como se le observa en el mundo, es una manifestación temporal del Islam Divino o de la Verdad Primordial concebida en el origen.

                   La significación de Islam en su expresión mas directa y que otorga el sentido recto de "sumisión al Dios Único y Verdadero" conlleva, además, varias acepciones implicadas que, por relación de identidad, constituyen la suma culminante de la Ortodoxia Universal (11), del Acervo Concordante o de la Tradición Unánime de la humanidad. Pero, además, dichas acepciones, algunas de la cuales se denotan en voces tales como "acatamiento", "servidumbre" o "fidelidad" (implicadas en las tradiciones sobre los Abdal) no hacen mas que reconocer lo que en árabe se denomina como al-fitrah (12) o la "naturaleza primordial", aquel núcleo que constituye el estado primigenio con el que cada ser humano nace en el mundo.

                   En este sentido elevado somos todos musulmanes, siendo por tanto Islam aquello universal que, como método, se constituye en la senda consagrada mediante la cual el hombre transita su cualificación en vías de restaurar el estado primordial y cuyo logro antecede a una segunda vía que culmina en un "repentino arrebato" donde toda individualidad se extingue, al fundirse en la "Identidad Suprema".


                                                                          
Conclusión


                  Por último, nos queda consignar, dentro de la providencialidad que significa la presencia del Islam en "los últimos tiempos", la sugestiva singularidad de aquel manto de desinformación extendido en el mundo moderno sobre la función mediadora y los aportes brindados por esta forma tradicional a través del tiempo en todos los campos de la inteligencia (artes y ciencias) y de la actividad humana (aplicaciones de las ciencias tradicionales) (13), lo cual revela quizás, uno de los factores del arranque o punto de partida en cuanto al "quiebre" o desvinculación de dicho mundo con los canales normales por donde fluyen los modos tradicionales de entender la Vida o de asumir la Existencia. Esto mismo se evidencia en la simple observación de tan sólo uno de sus efectos o consecuencias como podría ser el peligroso desborde de las ciencias experimentales y que no se simplifica ni se resume en tan sólo la actividad normal de una "actitud investigativa" de las ciencias de la naturaleza, sino que el "experimento" en tanto la observación de las cosas por sí mismas da el sentido de "investigación" sin la cual no habría experimento alguno y sin la cual la física moderna no tendría razón de ser.

                   Ni la epistheme griega, ni la empeiria aristotélica, tanto como sus adaptaciones en las doctrinas medievales aportadas a occidente por intermedio del Islam han sido jamás ciencias en el sentido de la investigación, ya que había conciencia sobre su vinculación a otros principios superiores convergentes en el núcleo intelectual que anima lo que se entiende como Filosofía Perenne y por lo cual ninguna "investigación" de orden autónomo podría haberse desarrollado descontroladamente hasta el punto de transformar el ámbito sensible o los soportes naturales de nuestro mundo al servicio de una desequilibrante industrialización o de una monstruosa acumulación de armas de destrucción masiva, y cuya sola existencia no puede mas que proyectar la posibilidad o, probablemente, dentro del cuadro mental de un "choque de civilizaciones", determinar a medianos plazos, un desenlace global.    

                                                                                  
                                                                                    
* * *   

Notas

1) "...pero, aparte de toda cuestión de superioridad, es menester que admitan al menos que las cosas a las que los occidentales atribuyen la mayor importancia no interesan forzosamente a todos los hombres al mismo grado, que algunos puedan tenerlas incluso como perfectamente desdeñables, y que se puede hacer prueba de inteligencia de otro modo que construyendo máquinas". "Oriente y Occidente", (Prefacio), René Guénon.

2) Entre esos tantos indicios podríamos mencionar la cantidad de inscripciones y signos grabados prehistóricos a lo largo del continente cuya disposición y formas guardan significativas correspondencias y similitudes con aquellas innumerables expresiones localizadas en diferentes puntos del globo terrestre. Particularmente, llama la atención las concentradas en la línea del inmenso valle oriental (que comprende varios archipiélagos como Madera, Canarias, Cabo verde), uno de los dos sectores que conforman el océano Atlántico que bordean las costas americanas, las de Europa y Africa. Lo cierto es que, una gran proporción de  tales inscripciones (y al margen de la denominación efectuada por la lingüística arqueológica moderna como escritura o epigrafía de raíz "líbico-beréber") nos revelan datos tradicionales de origen primordial cuya evidente importancia permiten vislumbrar singulares conexiones con los signos, marcas corporativas y alfabetos reservados que han circulado en la antigüedad y en la edad media entre diversas sociedades (por ejemplo,canteros, constructores, hermetistas, templarios, etc.) del Islam y de la Cristiandad. A estas referencias se agregan no solamente las características similares (en el modo de asumir la existencia) sobre la línea mencionada, sino también todo el bagaje del simbolismo tradicional precolombino que revelan la unidad esencial de un núcleo intelectual, cuya universalidad, lamentablemente, ya ha sido perdida en la óptica interpretativa de las fragmentaciones historicistas.   

3) Desde ya que, dicho proceso, debe entenderse en sus causas profundas a la luz de la Tradición Unánime (en tanto la doctrina de los ciclos cósmicos derivada) y no bajo el prisma de cualquiera de los contradictorios formatos ideológicos contemporáneos siempre opuestos entre sí.

4) Según la titulación homónima que ha sido últimamente desarrollada por Samuel Huntington, profesor de la Universidad de Eaton y director del John M.Olin Institute for Strategic Studies de la Universidad de Harvard.

5) Una primera visión simplificadora y del todo literaria de esto mismo, luego reelaborada por diversos autores, es probable que haya sido el libro homónimo de Francis Fukuyama editado en el año 1992.

6) Así designadas por el sociólogo Willam Lind.

7) Si al creciente aumento de las conflagraciones, al enorme caudal destructivo y a la velocidad de los sucesos acaecidos en el mundo contemporáneo lo miráramos con un sesgo relativamente positivo, sería únicamente, en la consideración de sus efectos (ciertamente ello contemplado desde el punto de vista sensible) que ha permitido a un número cada vez mayor de personas encontrarse abandonando de a poco su confianza en el porvenir de las técnicas y en las consecuencias del desarrollo de la industria. Evidentemente, que dicha confianza se hallaba depositada en la postura evolucionista de una impuesta "organización científica" que viene aún, trasladando a la historia, su sustento ideológico basado en la noción de "progreso". De tal manera que, uno de los concomitantes con mayor impacto y fuerza de dicha noción, sin lugar a dudas que ha sido este del "Progreso científico y técnico", ya que ha generado sugestiones y adhesiones que hasta dan la idea de una especie de "misticismo"; quizás alentado por las posturas de algunos filósofos modernos que, como Jaspers, han convocado a una "lealtad y confianza ciegas" con el argumento de que las técnicas producidas por el progreso de los conocimientos científicos, y mejoradas permanentemente, son sólo "instrumentos" en una "dulce espera" del mejoramiento de las instituciones sociales que aguardan una colosal empresa de educación por medio de la cual el hombre se haga digno de disfrutarlos. Ciertamente, en la medida de que estas declaraciones provengan de una exclusiva mentalidad moderna que se contemple en el espejo de nociones científicas tales como la "evolución de las especies" o el continuo "descubrimiento de las leyes naturales" con las que el hombre evalúa el porvenir de su condición, nos revelan el carácter neopositivista e ingenuo con que se disimula la negligencia de los conocimientos tradicionales o aquella impronta que refleja la índole de la verdadera intelectualidad perdida por parte de los mas conspicuos representativos de la situación moderna del mundo y que, al parecer, no sólo ignoran la irreversible entrada a una "globalidad apocalíptica", sino también la naturaleza real y cualitativa de dichos "instrumentos".

8) "Si los occidentales reconocieran que no todo es forzosamente despreciable en las demás civilizaciones por la única razón de que difieren de la suya, nada les impediría ya estudiar esas civilizaciones como deben serlo, queremos decir, sin una toma de partido por la denigración y sin hostilidad preconcebida; y entonces algunos de entre ellos no tardarían quizás en apercibirse, por este estudio, de todo lo que les falta a ellos mismos, sobre todo desde el punto de vista puramente intelectual". (Idem).

9) Es necesario reconocer, de una vez por todas que, en su mayoría, los componentes mas cualificados de esta línea expositiva provienen de una aproximación interior con las escuelas mas espirituales o intelectuales del Islam. Hecho que, no solo revela, taxativamente, la función mediadora de dicha forma tradicional, sino también, aquellos aspectos mas cercanos y accesibles a la mentalidad occidental a modo de cierta remembranza de lo que ha sido la hoy ausente espiritualidad de occidente, ya que aquí se aplica perfectamente el sentido de la palabras de Guénon respecto al espejo del Islam en el cual podrían mirarse los occidentales a efectos de retomar sus propias tradiciones: "la religión no puede ocupar el lugar de la metafísica, pero no es de ningún modo incompatible con ella, y se tiene la prueba de ello en el mundo islámico, con los dos aspectos complementarios bajo los que se presenta su doctrina tradicional" "Posibilidades de acercamiento", "Oriente y Occidente", Parte 2.

10) Dichas concepciones y expresiones, en las acepciones elevadas en que pueden aplicarse revelan, esencialmente, la correlación y la comparatividad de los términos "esoterismo" y "exoterismo" que comprenden ya que, como diría René Guénon (Abdel Wahid Yahia): "allí donde no hay exoterismo, no hay motivo del todo para hablar tampoco de esoterismo", premisa fundamental que comporta la consiguiente afirmación del mismo: "esta última denominación (esoterismo) no puede pues, si se pretende guardar su sentido propio, servir para designar indistintamente toda doctrina cerrada, para uso exclusivo de una elite intelectual" ("Introducción general al estudio de las doctrinas hindúes").
11)  Es así, que a la luz de la tradición, ninguna de las entronizadas razones contingentes, en su condición específica, podría afirmar un carácter exclusivo, sino solamente por estar en relaciones con su fin último o poseer aquella cualidad relationnel tanto en su sentido riguroso como analógico dentro del orden total, y que siempre contempla a las "partes" en función de una visión sintética del universo. Siendo que toda separación, parcialidad o fragmentación se reduce a la substancia de la ilusión podemos, en tal sentido, intentar acercarnos a aquello que separa a la "civilización" moderna de todos los aspectos encerrados en la noción de ortodoxia, la cual, por señalar referencias, aún se halla vigente en numerosos sectores de las sociedades orientales. Si dejamos de lado a los actuales sentidos ideológicos (por ejemplo, "ortodoxia liberal", "ortodoxia política", "ortodoxia económica", etc.) o peyorativo (en el sentido de "camarillas","capillas", etc.) con los que se utiliza hoy a este término (como es también el caso de otros conceptos fundamentales) y prestamos nuestra atención al origen de la combinación griega, notaremos que orthos, como prefijo, señala el carácter de rectitud propia de una cosa y que doxa, como palabra, contiene el significado de opinión o gloria, por lo cual se deduce fácilmente el primer sentido inmediato que se expresa de una doctrina verdadera, sana y recta. En un segundo sentido, al concepto de Verdad se le asocian los grados contenidos en la noción de "Fidelidad", por lo cual podrían venir al caso aquellas palabras hebreas tan mentadas en el Antiguo Testamento como 'èmet' y 'èmuna' derivadas de la raíz 'mn' que dan significación de seguridad y veracidad y que por implicar a una virtud fundamental como la Constancia se traduce también por "Fidelidad". Podríamos añadir que esta combinación de orthos mas doxa ya era usada por los antiguos griegos y fue de uso doctrinal en la época patristica griega se cree que su aplicación concierne a correspondencias originales que van mas allá del contexto teológico o filosófico. Ello estaría relacionado al carácter de "transmisión" cuidadosa de un contenido de carácter universal, que como "depositum", daría el sentido y la orientación a las distintas formas tradicionales de la humanidad. Es así, que en la extensión de todo ello ortodoxia sería la "Fidelidad a la Verdad Revelada por Dios en el Origen".
(12) La actualización de al-fitrah o de la naturaleza primordial se halla resumida en las palabras del Profeta Muhammad cuando dijo "Todo recién nacido está en estado de fitrah. Sus padres lo hacen judío, cristiano o zoroastriano" Por otro lado, en el esoterismo islámico se relaciona este punto central con la sura de la Higuera (Sûrat at Tîn), donde se consigna los cuatro estadios que le comprenden, representados simbólicamente por la higuera (tîn), el olivo (caitûn), el monte Sinaí (tûr sìnîn) y la Meca (al-bàlad al amîn).  
(13 Ver "La influencia de la civilización islámica en occidente". Cap.VIII de "Apreciaciones sobre el esoterismo islámico y el Taoísmo", René Guénon.
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