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Instituto René Guénon de Estudos Tradicionais
EL JAGUAR AMERINDIO

Imagen de una verdad espiritual
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Oscar Freire
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En lo que toca al simbolismo universal del felino extendido por casi toda la geografía del continente americano tal como aún hoy, así lo indican los notables indicios "arqueológicosiconográficos" hallados de Norte a Sur; por ejemplo, en el territorio circundante entre los altos cerros y el valle de Ambato (Prov. de Catamarca, Argentina) donde abundan las representaciones de felinos dentro de una inagotable gama de asociaciones y que puntualiza el caso de los ejemplos andinos dentro de los cuales los grandes gatos como el puma o el jaguar eran
asimilados, entre otros (además de los aspectos ctónicos) y según las regiones, al sol, al rayo, a las nubes o a la lluvia (Caso de Qoa, "el puma volador" que dispensa las lluvias).

                 Asimismo, en un derrotero mas austral de Argentina como lo es la meseta central de la Prov. de
Santa Cruz pueden verse dentro del entorno de un acantilado a tres famosas cuevas ubicadas en distinto nivel. En el centro, a mayor elevación (teniendo a su izquierda a la conocida "cueva de las manos"), se halla la denominada "cueva de los yaguaretés" donde las representaciones felinas (en este caso asociadas al simbolismo de la caverna) se combinan con algunos trazos   geométricos en zig zag (asimilado al rayo), lo cual confirma también, sobre la antigüedad y la importancia de esta iconografía fundamental para la mentalidad aborigen tradicional.

                Es conveniente el señalar que, la importancia de dicha iconografía, ya esté representada por pumas (voz quechua), félidos y grandes gatos (de montes y serranías) o por aquel (de las yungas) mas particularmente conocido como jaguar (de yaguará a yaguareté en guaraní, uturuncu en quechua, ocelotl (1) en nahuatl o balam (2) en dialecto maya), pueda mejor vislumbrarse, en mayor representatividad, por medio de los vestigios (mas o menos completos) que han dejado las tradiciones centroamericanas a partir de los olmecas (quienes, entre otras designaciones tradicionales se llamaban a si mismos como "El pueblo del jaguar") y tal como ello se corrobora en diversas estructuras (en templos, tumbas, frisos, dinteles, estelas, códices (3), etc.). En estas tradiciones aún pervive una de las principales designaciones tradicionales del jaguar como Tepeyolohtli "Corazón de la Montaña" o "Corazón del Cerro" (tal como lo expresa el simbolismo de su glifo en el códice Nutall 50), y era frecuentemente asociado a un simbolismo central vinculado a la "puerta del inframundo", a las fuentes, cuevas o cavernas lacustres.

                También, en una de sus transposiciones heliomorfas, se le designaba como Ocelotonatiuh (Sol de jaguar) y su figura llegaba hasta representar cierto simbolismo polar en el cual las motas de su piel se identificaban con el cortejo de estrellas que conforman la constelación de la Osa Mayor (Nutall 75). Así, son notables los aspectos axiales que surgen de estas consideraciones sobre las diversas representaciones iconográficas del felino cuyas trasparencias no faltaban en los atributos nominales o en los atavíos de reyes y sacerdotes, en los tronos (cubiertos por sus pieles), en los atuendos de altos personajes (ojos, dientes, garras y orejas) o en las insignias, armas y escudos de
los guerreros (Caballeros jaguar).

                Pero, si aún hiciere falta de mas referencias para verificar estas alusiones sobre la índole y la integridad de dicho simbolismo, podríamos señalar la suma de los incontables edificios y templos (4) erigidos bajo su patronazgo y de los cuales citamos tan sólo algunos ejemplos como ser los casos de Teopantecuanitlan, "Comarca del templo del jaguar" en el municipio de Copaliillo, Estado de Guerrero. Del mismo modo, el tan famoso "templo del Gran Jaguar" (de 52 metros de altura) ubicado en el área de la "Plaza Mayor" de las ruinas de Tikal, en la selva del Petén. También el "templo de los jaguares" de Chichen-Itzá, junto al "juego de pelota" y al "templo de los guerreros" (señalado por la estela de "Los Caballeros jaguares") en cuyas cercanías se ha encontrado una especie de trono que representa a un jaguar rojo con incrustaciones de jade.

              Asimismo, en la montaña central de Oaxaca (hoy conocida como "Monte Albán) y probablemente correspondiente a un centro espiritual de la federación zapoteca aún se pueden ver los templos de la cima que eran patrocinados por "Tres Turquesa" (una de las designaciones técnicas del jaguar) relacionado a Yo Ta Peeche, "Cerro I de jaguar" derivando, además, en las respectivas aplicaciones equivalentes de la dinastía señorial (5). Igualmente, en la "zona arqueológica" de Teotenango (Tenango del Valle), en el Estado de México (regido antiguamente por la federación de los Matlatzingas), quedan demasiadas evidencias con las características de haber sido otro de los tantos centros espirituales señalados con la "marca del jaguar" (con un singular y similar estilo "teotihuacano"), tal como así lo indica su principal punto de acceso denominado como "La plaza del jaguar" que alberga al famoso petrograbado en relieve (uno de los mas importantes entre los cientos de toda la zona) en el cual se representa a un jaguar
"comiéndose al sol" (6) y que, como se sabe, es una de las mas caras expresiones del simbolismo tradicional (7).

              No está demás el reiterar aquí que, dentro del simbolismo tradicional la imagen del jaguar (como todos los componentes de la iconografía aborigen), en su doble aspecto, se resume en una idea arquetípica de orientación que nada tiene que ver con los datos empíricos, culturales o zoográficos ni con los excesos de aquellas interpretaciones "etnográficas" de pura "subjetividad" que vinculan al componente "hombre-jaguar" con cierto psiquismo correspondiente al "neochamanismo" tan en boga, el cual no sólo hace abstracción de los datos tradicionales y de
los aspectos intelectuales del simbolismo (8), sino también conduce a una esfera idolátrica propia de ciertos estados infrarracionales, y totalmente alejados de la idea tradicional de trascender la individualidad humana en pos de la recuperación del estado primordial.

              Evidentemente, tales desviaciones se presentan como típicos ejemplos de los peligros que se presentan ante la "descontextualización o visión fragmentaria de las adaptaciones y de las construcciones simbólicas de las antiguas sociedades premodernas. Así, el desconocimiento del carácter de homologaciones simbólicas y de operatividad que llevan tales imágenes y en condición de ser tan sólo soportes de identificación con principios universales, en cierto sentido, nos da la regula que permite apreciar todo aquello que separa la mentalidad tradicional de la moderna.


                                                                           
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Notas

1) Dicho término corresponde, entre diversas asociaciones, a Nahui Ocelotl (4 jaguar) el mundo
de la tierra en la concepción calendárica y cíclica tradicional respectiva (siguen los ciclos
prefigurados por viento, fuego y agua).
2) Término técnico maya asignado al jaguar y correspondiente a los exclusivos rituales de una
clase sacerdotal denominada como Chilam de donde se derivan los llamados "libros de Chilam
Balam".
3) Entre algunos de los códices mas conocidos que abundan en el simbolismo del felino
podríamos citar a los de Cualac, los de Azoyú o el "códice de las vejaciones" y algunos lienzos
como el de Aztatepec, el de Zitlaltepec o el I de Chiepetlan
4) Como se sabe, eran símiles de la "Montaña Primordial".
5) Este tipo de equivalencias se constatan en la mayoría de las lenguas tradicionales aborígenes.
Así, dioses, reyes y sacerdotes, tanto como ancestros míticos, héroes primordiales, hombres de
conocimiento, jefes o caudillos son nombrados generalmente con las voces de una misma raíz y
que incluye a cualquier elemento que sea apto para encarnar determinado aspecto esencial o idea
principial como en este caso pueden concurrir también, entre otros, algún aspecto del simbolismo
solar, el de la Vía Láctea o el de la constelación de la Osa Mayor. Esto no puede ser de otra
manera si se piensa en la importancia axial del jaguar en las tradiciones amerindias. Un ejemplo
cabal de ello lo tenemos en las raíces nym o nem de la familia lingüística chibcha y que, como en
el caso de los muiscas, servían para denominar al jaguar (nymy) o a sus principales jefes y
dignatarios, tanto como a uno de los aspectos de la divinidad (nemerequeteba)
6) Lo cual lo transforma en el viajero nocturno por los reinos del inframundo, portador de la
"corona solar", y "previo" ello, a su emersión triunfante como "estrella de la mañana".
7) Estas asociaciones, como decíamos, abundan por todo el continente así, entre tantos ejemplos,
en el mundo andino, podríamos mencionar al "Templo de los jaguares" (que resguarda a una
enorme roca tallada con la imagen de una pareja de felinos) sito en las serranías peruanas de
Huancabamba.
8) En este caso, dicho simbolismo se asocia a la "Montaña Primordial" de los olmecas,
equivalente a la "Primera Montaña Hendida" de los mayas, donde el jaguar es representado como
el punto de unión entre cielo-tierra-inframundo, tal como ello se constata en las diversas
adaptaciones o transfiguraciones estrictamente relacionadas al esquema universal de
manifestación.