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Instituto René Guénon de Estudos Tradicionais
Breve relación sobre
el símbolo tradicional
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Oscar Freire
                                                                     El símbolo

                
Mediante el arte y la literatura profanos, la palabra "símbolo" ha sido adoptada convencionalmente por la mentalidad moderna y ha comenzado a emplearse profusamente por casi todas las "ciencias" y disciplinas actuales (1). Con una gran variedad de significados y acepciones la voz ha llegado a ser de uso corriente y su empleo abunda dentro de los medios de comunicación masiva. Incluso, en la vida cotidiana se da el caso de múltiples aplicaciones y usos según corresponda a algún interés especial o pueda servir también, para cualquier motivo sistemático o arbitrario.

                 La ambiguedad del término y su desviada utilización multitudinaria han generado la confusión hasta el punto en que el hombre moderno se halla ante la paradoja de que no sólo ha olvidado la mentalidad simbólica (2), sino también, ha perdido casi totalmente lo verdadero que dicho vocablo encierra, como así también, el conocimiento de sus verdaderas funciones y de las adecuaciones que corresponden a un patrimonio fundamental del constitutivo humano y que, originalmente, o en estado de normalidad, nunca ha tenido algo en común con las actuales fórmulas culturales, operaciones formalistas o las interpretaciones pseudo esotéricas y heterodoxas que se difunden bajo su nombre.

                 A nuestro entender, dicha ambiguedad no desaparece, aún siguiendo lo que ha devenido en aquella especie literaria que circula con gran difusión, en el sentido de hacer derivar etimológicamente al término "símbolo" de la voz griega symbolon, producto del verbo symballo (de syn "con, contiguo, unido, junto con") y bâllein ("situar, ubicar, colocar; y, por extensión restaurar") fundamentando su origen (a partir de los legítimos comentarios de Plutarco) en un objeto partido por la mitad (sello, tablilla, medalla o moneda, etc.) como una señal de reconocimiento o para darse a conocer o verificar la identidad del portador de una de las mitades.

                 Dicha fórmula afectada de omisión, es decir, sin mayores explicaciones, por parte de los posteriores escoliastas, copistas y filólogos latinos ha terminado entronizando, en la mentalidad literaria moderna, algo que puede ser un indicium o un signum (3) interpretados como sinónimos de symbolum (4), es decir acaecido (como "señal") en un aspecto harto secundario de la cuestión, ya que priva la sugerencia de que algo superior puede derivar de lo inferior en una clara inversión de los términos, lo cual significa confusión de la 'idea' con la 'cosa' o del sentido superior anagógico (sin mediar la procesión analógica) con una de sus tantas aplicaciones subalternas (5).

                En efecto, considerando esto último, nos surge en realidad, el sentido esencial del término de referencia, ya que todo verdadero símbolo, si cabe la expresión, "desciende" a la manifestación unido (syn) a la Idea, es decir manteniendo un único nombre arquetípico siempre "revelado" (6), aún dentro del juego de las relaciones reflexivas que expresan "lo mismo" y "lo otro" al decir de Platón. Señalando así, el modo de ser determinado o el principio polar desde el punto de vista de nuestro mundo, y cuyos grados intermedios resumen el disminuir y aumentar, ya sea de uno o de otro de los extremos.

                Tales extremos, referidos en relación de nuestro mundo, a la "esencia" y "existencia", son las "partes" realmente aludidas que, tal como sugiere el verbo symballo, hay que "juntar", "reunir" o "restaurar", de allí que todo verdadero símbolo, al ser operante, señale una vertiente nohumana y un origen estrictamente inciático (7), ya que se erige en un soporte mediador entre el mundo sensible y la Idea, generando posibilidades de dar principio a ciertas "actividades" del corazón y reflejar, de acuerdo a las cualidades de cada uno, diversos grados de la belleza
inmarcesible o del esplendor sobrenatural. Pero, sin olvidarnos de señalar aquel aspecto mas profundo que radica en la trascendencia de todo ello o en la aprehensión inmediata de la realidad suprema, es decir, el súbito arrebato de la visión suprasensible o de la Intuición intelectual (8).

                                                                               
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Notas:

1) Por citar algunos ejemplos, podríamos referirnos al elemento artístico o figura retórica para representar cierto estilo de lo que se ha dado en llamar "escuela simbolista" que, desde los fines del siglo XIX viene acentuando el término por medio de cenáculos poéticos y artísticos hasta identificarse con el movimiento denominado como "surrealismo" o "superrealismo". También, para el uso científico y técnico, es usual denominar como "símbolos" a todo tipo de abreviaciones, letras o signos no alfabetizables. Del mismo modo, como término matemático, algebraico, etc. Igualmente, a los emblemas que se añaden a la matriz del dinero circulante, (monedas, medallas, etc.).
2) Entendemos por "mentalidad simbólica" a lo que, en cierto modo, se opone a "imaginación", "abstracción", "intuición sensible" o "psiquismo", es decir, a todo aquello que compete al sentido "arcaico", antiguo y medieval del concepto que incluye, además, al status concerniente a la aptitud, operatividad o capacidad (capax symbolorum) de los símbolos tradicionales. Se refiere ello al estado de visión real, nunca ilusoria, capaz de develar o intuir lo intraducible, lo inexpresable y lo indemostrable, cuya idoneidad, es inherente a la conciencia profunda del ser humano, tan rara en nuestra época, y como medio de trascender las particularidades provisionales del ámbito sensible y del curso temporal.
3) De acuerdo a los diversos contextos el símbolo se refiere siempre a la idea y el signo a la cosa
4) Asimismo, conocidas son las posteriores derivaciones modernas, del todo literarias que, en carácter de tropos, asimilan dichas voces como componentes de un conjunto de metáforas que conforman la alegoría. Observemos que, la alegoría, en ciertos períodos normales de los mundos griego, latino y medioeval, antes del abuso figurativo y de la destitución verbal ejercidas en el Renacimiento y el Barroco, ha cumplido un papel legítimo, aunque secundario respecto del símbolo propiamente dicho.
5) De acuerdo a dicho sentido anagógico, se puede colegir que todo símbolo tiene raíz en la Idea o Principio, por lo cual sería al menos un reduccionismo el hecho de pretender remontarse, sea cual fuere el argumento etimológico que se arguya, a una costumbre meramente social, por mas legítima que esta sea (y tal como es el caso) en la cadena analógica tradicional
6) Término entendido en los sentidos propios de "velar" y "desvelar".
7) El carácter iniciático y operativo de los principales símbolos tradicionales, en tanto sean soportes de la influencia espiritual, ha sido muy bien clarificado por René Guénon: "estos mismos símbolos, en tanto que elementos rituales y en razón de su carácter 'nohumano', son además, 'soportes' de la propia influencia espiritual, se podrá comprender que la meditación sobre los símbolos toma, en ciertas condiciones, el carácter de un verdadero rito, y de un rito que, esta vez, no confiere únicamente la iniciación virtual, sino que permite alcanzar un grado mas o menos elevado de iniciación efectiva", (Apercepciones sobre la Iniciación, Cap.XXX)
8) La realidad de la Visión suprasensible ha sido bellamente descripta por Platón: "de repente, como si brotara una centella, se hace la luz en el alma y ya se alimenta por sí misma" (Carta VII 341c-d.)

                                                                      
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"Todo es símbolo"


                   Por otra parte, la antigua máxima eficazmente refrendada por Goethe, afirmando que "Todo es símbolo", al menos en el sentido de las figuraciones tradicionales (de correspondencias, equivalencias y analogías) que sugieren a las concepciones mas elevadas, como cuasi único vehículo apto (en relación al estado individual humano) para generar posibilidades de comprehensión sobre las Ideas metafísicas, expresa, en cierto sentido, la precariedad de nuestros medios de comunicación, además de expresar, desde nuestro punto de vista humano, la imposibilidad de saltearse tales símbolos, lo cual ubica a esta cuestión como a una de las mas importantes y delicadas.

                  No por nada René Guénon advertía insistentemente en "que los peores errores metafísicos (o mas bien antimetafísicos) han salido de la insuficiente comprehensión y de la mala interpretación de los símbolos" (1), por lo cual, abonando lo que decíamos precedentemente, debemos admitir que, bajo la nomenclatura del término
"simbolismo" circulan múltiples falacias y degradaciones correspondientes a las especializaciones modernas y a las
opiniones erradas (2) surgidas, en mayor medida, del sentido "literalista" o de las abstracciones típicamente
literarias.

                  Evidentemente, (así se trate de cualquier tipo de simbolización que fuere, como acción o efecto de simbolizar algo)  el decir meramente servir una cosa como símbolo de otra o representar y explicar una cosa por alguna relación o semejanza que se tenga entre lo representado y lo que se representa no alcanzaría de ningún modo (por ser una acepción demasiado general) el carácter de una definición tradicional, ya que, sin mayores explicaciones (en atención a las necesidades actuales) ello avalaría todo tipo de vaguedades, diagramas o combinaciones usados para sustituir alguna cosa comúnmente de acuerdo con alguna convención, convenio o pacto específico y arbitrario.

             Aunque el problema es mas grave de lo que aparenta, ya que no se trata sólo de localizar las debilidades
demostrativas o el ambiguo estilo de la terminología moderna, sino que llega a emparentarse con la desviación o
inversión (debido a la doble naturaleza) de los símbolos propiamente tradicionales. Motivos suficientes, y por los
cuales, decía el mismo René Guénon que "el simbolismo es una ciencia exacta y no una libre ensoñación en la que
las fantasías individuales puedan tener libre curso" (3), encargándose así de acentuar que, inclusive, el enunciado
implicado en todo símbolo sólo admite el valor de verdad tradicionalmente entendida (4)y nunca el de
representaciones puramente formales donde se da lugar también a todas las situaciones posibles de ilusión o falsedad en las cuales no es posible el aprehender nada de la Realidad única y absoluta a la que todo símbolo verdadero (por medio de cualquiera de los indefinidos modos que se usen) nunca deja de reflejar o representar.
Ahora bien, esto mismo, como uno de los aspectos de la cuestión, además avalado y muy bien explicado por Ananda K.Coomaraswamy en el sentido "que no existe un error mas común que el atribuir a una 'imaginación poética' individual el uso de lo que son en realidad símbolos tradicionales y términos técnicos de un lenguaje espiritual que trasciende la confusión de la lenguas y no pertenece a ningún lugar o tiempo particular" (5) no hace mas que expresar cabalmente, que el simbolismo es una ciencia tradicional extremadamente precisa y que los símbolos jamás pueden ser convencionales, fantasías estéticas, ni recibir interpretaciones naturalistas o heterodoxas, ya que son correlatos (6) de las Ideas, analogías, representaciones o correferencias de una misma realidad en distintos niveles.

                                                                   
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Notas:

1)"El Simbolismo de la Cruz", Cap.XXIX, también "Introducción.General.al estudio de las doctrinas hindúes, Cap.VII
2) Desde el punto de vista platónico cabe la distinción entre "opinión falsa" y "opinión verdadera", referida esta última a los complejos explicables y cognocibles que se constituyen a partir de los elementos simples que conforman las Ideas, cuales, por su absoluta simplicidad carecen de explicación y son incognosibles. En definitiva, al ser el lenguaje de índole simbólica, sólo las partes de la analogía conforman la esencia de una explicación. Delimitando así, la dimensión de lo que puede ser expresable e instituyendo, desde el punto de vista tradicional, lo que ha venido a denominarse como "conocimiento teórico". En rigor, vale la aclaración que toda opinión verdadera no abandona la condición individual ni el carácter de enumeración de los objetos que
constituyen el saber, es decir no deja de ser opinión, y por lo cual no debe confundírsela con la sabiduría propiamente dicha en su acepción original, es decir, en el sentido de "Contemplación intuitiva"
(ver Teeteto 206d y ss.).
3) "Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada".
4) En rigor, el término "intelectual" se debe entender aquí con el significado de Intuición intelectual o Intelecto Agente, y no con aquel que denota la razón, aunque a esta le sea atribuída tal cualidad pero, en el sentido subordinado o secundario respecto del punto de vista tradicional, y en donde la voz ratio mantiene su antigua acepción de "relación".
5) "Simbolismo y arte tradicional"
6) Derivado de "correlación" en el sentido platónico en que las correspondencias o proporciones (por ejemplo, la mitad y el doble) y las analogías se asumen en todos los niveles de referencia; y, ciertamente, también en el sentido aristotélico que expresa las formas de oposición u "opuestos correlativos" donde se sugiere a la analogía inversa en el sentido de una reflexión especular.

                                                                  
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"Uno compuesto por dos"


                      Es en este sentido que, el término "símbolo", al margen de las ambiguas y múltiples interpretaciones derivadas de la preposición syn y del verbo irregular ballo, debe ser entendido en aquellas definiciones que se amparan bajo la luz tradicional, una de las cuales se refiere a la breve y eficaz noción del "uno compuesto por dos" dada por Platón; y, cuya notable indicación ha de comprobarse como la cobertura de una magistral síntesis, si es que se toman en cuenta ciertos significados en las acepciones implícitas en dichas voces, particularmente, en lo relacionado a la noción de "justa medida" o a una cabal y exacta proporción entre sus diferentes partes.

                    De tal modo, se infiere que, a ninguna de dichas partes les alcanza por sí mismas para conformar un "símbolo", sino que, es en la reunión o restauración proporcional de "dos" que adquiere la armonía o la completud de "uno". El sentido metafísico que ello encierra escapa a cualquier tipo de "matematización" o "percepcionismo", lo cual equivale a que no puede ser encuadrado bajo ningún sistema cerrado, como tampoco ser alcanzado por alguna ensoñación individual. Así, el núcleo de un símbolo verdadero nunca puede ser "adaptable" a los diversos pareceres (1) ni ser moneda corriente en el mundo de los datos sensoriales.

                  Si el simbolismo tradicional es una ciencia exacta, el símbolo debe ser portador de proporciones precisas (del mismo modo, todo arte que lo expresa), a los fines de reflejar ciertos datos de orientación hacia una realidad integral que, sólo puede ser sugerida en el ámbito sensible de las formas, ya que dicho ámbito sólo es una parte de dicha realidad y por lo tanto no podría contenerla, sólo representarla en un acto de restauración. Esto es tal, en tanto se entienda ello, como una función tradicional cuya peculiaridad principal consiste en tomar como soporte una imagen sensorial que siempre es distinta del objeto que refleja, en tanto que su forma no necesariamente guarda relación con el núcleo o significado del contenido; y, por lo cual, el paso de la imagen a la Idea, equivalente al de "la circunferencia al centro", expresa que, dicha función tradicional pueda ser legítimamente nominada bajo el significado antiguo de la voz griega symballo. Pero, siempre y cuando, la acción o efecto de simbolizar despliegue, además, el sentido de reconocimiento, en tanto en cuanto, participación e identificación con el objeto de todo símbolo verdadero, el cual debe ser vislumbrado, al decir de Hugo de Saint Víctor "como la concordancia de las cosas visibles para desvelamiento de lo invisible".

                                                                        
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Notas:

1) Esto mismo alude a la famosa doctrina sofística del homo mensura de Protágoras ("el hombre como medida de todas las cosas") donde, todos los pareceres son validados según el punto de vista de cada observador, (doctrina eficazmente refutada por Platón.Ver Cratilo,388a-e y Teeteto,152ª y ss.) lo cual induce erróneamente a pensar que el saber carece de "simbolización" y sólo es percepción, ya que se afirma que las cosas poseen realidad en sí mismas negando su relación a un sujeto perceptor; por lo tanto, haciendo abstracción de las operaciones de conversión y proceso (correspondencias, y analogía inversa) inherentes al simbolismo tradicional.