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La Tradición de los Nativos Norteamericanos
        

        
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         Hay cuatro libros cuya importancia es crucial para conocer mejor la Tradición de los Nativos Norteamericanos. Ellos son: “Black Elk Speaks” (“El Alce Negro Habla”) por John G. Neihardt (primera edición en 1932), “The Sacred Pipe” ("La Pipa Sagrada"), por J. E. Brown (1953), “Book of the Hopi” ("El Libro de los Hopi"), por Frank Waters (1963) y “Bury my Heart at Wounded Knee” ("Entierren mi Corazón en un Recodo del Río”), por Dee Brown (1970). Ellos nos dan una idea de la envergadura y profundidad espiritual no sólo de los Sioux, sino también de muchas otras tribus, con las cuales ellos guardan correspondencia y analogía. Podemos también descubrir sobre el punto de vista del "derrotado" y aquilatar lo mísero de los motivos "progresistas" que empujan al "civilizado" al "destino  manifiesto" de la cultura occidental...
        Los nativos americanos son "los salvajes" por los cuales los primeros europeos tenían tanto desprecio, y con arrogancia y estupidez, afirmaban: “el indio bueno es el indio muerto". Claro que hoy día, dentro de la mentalidad neo-estúpida de lo políticamente correcto, pocos de los "civilizadores" osarán repetir las palabras de sus antepasados... pero, ¿Han ellos cambiado y realmente entendido?

          La palabra "salvaje" nos da un esclarecimiento de importancia capital, porque está saturada con prejuicio contra la naturaleza, especialmente la naturaleza virgen, tal como los “civilizadores”  encontraron al continente americano.

        Por otra parte, la expresión "civilizada" es el opuesto de "salvaje" y supone que los "hombres desarrollados" pertenecen a las ciudades y más particularmente a las sólidamente construidas, en otras palabras, petrificado, que "venció al bosque".

        No deja de ser irónico observar que los occidentales modernos, quienes en su ignorancia acusan a los "salvajes" de ser panteístas e idólatras de iconos, tienen sus raíces precisamente en el decadente Imperio Romano, cuyo panteísmo, carácter corrupto y corruptor, depravado y disoluto, están bien registrados en la historia con todos los sórdidos detalles a todos sus niveles.
Two Moons, Cheyenne
(Dos Lunas, Cheyenne)

A partir del nombre, dado por la autoridad espiritual de la tribu, hasta la vestimenta, todo tiene significado y coherencia entre los indios "salvajes". Nada es meramente "ornamental" o "decorativo", sino una representación simbólica que se presta para identificar la casta y precisar la dignidad propia de cada miembro de la tribu. Es curioso constatar que los antropólogos, cuya inmensa mayoría no domina siquiera los más elementales símbolos de su propia tradición, se creen en condiciones de juzgar, rotular y criticar las tradiciones indígenas.
         El advenimiento de Cristo, hace dos mil años, marcó una revolución - en el sentido etimológico de la palabra - esto es – como "vuelta a los orígenes" y no rompimiento, como sociólogos, socialistas y otros académicos afines suponen. La palabra "religión", a propósito, significa "re-ligar" y ése es realmente el caso cuando mencionamos la misión de Cristo, porque su venida fue destinada al restablecimiento de la conexión entre el cielo y la tierra, es decir, entre el Principio Único (Dios) y los hombres.
      
        Precisamente debido al nivel de degradación, panteísmo y naturalismo  reinantes, era necesaria una fuerte intervención, vía Cristo, en las relaciones entre los hombres y la naturaleza. Se produjo entonces, a través de la identificación del hombre con Cristo (el Dios-hombre, Sacerdote-Rey, Cristo-Rey) y de Cristo con el Principio Supremo (Dios), la restauración del verdadero orden jerárquico. El cisma protestante (Lutero, 1517 aproximadamente) comienza la rotura del precario equilibrio entonces existente, instituyendo el “libre examen" (cada quien hace su propia interpretación de la Biblia, anulando la jerarquía eclesiástica católica y bajando los ojos de la cima hacia el suelo); la vía para el materialismo estaba pavimentada... pero ésta es otra historia. Han sido precisamente los bárbaros protestantes los responsables del genocidio de los nativos norteamericanos, entre otros.

            Evidentemente, el precio pagado (rompimiento con la naturaleza) para el restablecimiento de la posibilidad de salvación espiritual para esta parte (y apenas una parte, que vino constituir el Occidente moderno) de la humanidad, fue alto, y no traducido solamente en el daño material irremediable a la naturaleza física, cuyo desequilibrio es hoy evidente, sino también, y principalmente, en su incomprensión simbólica e intelectual, que incapacita a los modernos para la aprehensión y entendimiento de la continuidad lógica que penetra toda la existencia, sin discontinuidad alguna.

       
       Es muy ilustrativo el hecho de que los pequeños nativos son extremadamente tranquilos y concentrados. Son capaces, como podemos testimoniar en más de una ocasión, permanecer dos o más horas en tranquilidad, mientras que los adultos hablan o realizan sus tareas. Quizás podamos entenderlo si notamos que un americano nativo, como un granjero medieval, acompaña los diversos momentos que constituyen, por ejemplo, el ciclo de alimentación. Ayudan o ven a padres desde el momento de la preparación del suelo, la germinación, el brote y desarrollo de las plantas, hasta la cosecha y la preparación final del alimento.
      
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¡Esto es muy diferente, por ejemplo, de un insoportable muchacho hiperactivo detonando un paquete de cornflakes... o de hot-dog! 

            Un niño normal, es decir, uno que vive de acuerdo a las leyes naturales, está íntimamente ligado a estas leyes y participa de ellas recíproca y continuamente. Pero, ¿No está la civilización pautada para derrotar a la naturaleza? Su ley es la “victoria” sobre las "fuerzas ciegas” de la naturaleza, imponiéndole la destrucción y el abuso exterminador, esto es realmente ciego e inconsecuente.

             Tenemos ejemplos de esta postura mental dondequiera que miremos. La arquitectura moderna está abarrotada de ellos. Cierto museo, en un estilo modernista, fue concebido para mostrar un vano de cien metros al comprido por veinte de alto, un capricho arquitectonico y un "desafio a la naturaleza" - cuyos costos de construcción serían suficientes para proporcionar un edificio con por lo menos cinco veces el área útil actual. El resultado es una caja suspendida con los permanentes problemas estructurales, de infiltraciones y del control de la temperatura, que son tan serios para un museo. Cuando partimos de bases falsas, los resultados desastrosos son inevitables...

             Yendo de nuevo a nuestro tema, Black Elk nos legó, principalmente a través de J. E. Brown, un informe magnífico de la Tradición Sioux, cuya trascendencia re-coloca a los colonizadores en su debido lugar, es decir, como los verdaderos bárbaros. A quien tiene capacidad de comprensión, no le será difícil establecer un juicio, que no dejará de ser un poco amargo, pero si compensador, entre los "civilizados" y los "salvajes"...
Desde la más tierna infancia los niños nativos conviven con lo sagrado. Sus "muñecas" - kachinas – en verdad constituyen un resumen simbólico de la Cosmología Hopi. Cada diseño, cada color, como las proporciones, ritmos y volúmenes poseen un significado cualitativo.

En contraste con los juguetes modernos para “diversión”, palabra cuyo sentido etimológico significa "lejos de la rectitud", las kachinas traducen y reiteran la Verdad.
     Así como en las tradiciones orientales auténticas, cada objeto y cada acción cotidiana posee un significado simbólico que las trasciende; Black Elk nos relata los ritos Sioux que constituyen su Tradición Sagrada que, en modo alguno, es politeísta o naturalista, como imaginan equivocadamente los antropólogos y el pensamiento académico en general.

      A través de sus palabras, es posible entender qué es, de hecho, lo que los occidentales modernos ridiculizan  como la "danza de la lluvia". O lo que representa la "pipa de paz", una verdadera síntesis cosmogónica traducida en objeto ritual... pero éstos son asuntos para cuya comprensión recomendamos vivamente la lectura de estos cuatro preciadas obras.
El corazón del mundo

La representación simbólica del centro del mundo es fundamental en todas las formas tradicionales, desde el Hinduismo hasta el Taoísmo. No podría ser diferente entre los nativos norteamericanos. Partiendo del centro notamos la irradiación de cuatro tallos, que sugieren un movimiento de la rotación, semejante al de la swastika. El centro representa el Principio, la Unidad. Los cuatro tallos, las estaciones, los humores, las Edades, los elementos, la Naturaleza. El círculo representa los ciclos y el firmamento, que todo lo sustenta, como la palabra misma indica. El cuatro se desdobla (1+2+3+4) en diez (1+9, el 1 que es el Origen y el 9, el círculo).
Black Elk - Alce Negro
Luiz Pontual